Cuando dejas la política en manos de gente que no hace nada, es como cuando despides a la chica de la limpieza y piensas que la casa se limpiara sola, pues no, todo se va a pique y la mierda te come. Barcelona está experimentando la dejadez absoluta y la degradación social que conlleva el aumento del consumo de drogas y en especial el crack, Barcelona ya es una ciudad en situación de crack….
El crack es una forma cristalizada y fumable de la cocaína, altamente adictiva y destructiva. Al calentarse y fumarse, llega al cerebro en menos de 8 segundos, produciendo una euforia intensa pero muy breve, lo que provoca un ciclo de consumo compulsivo y daños severos a la salud. Barcelona es lo mismo, una ciudad destrozada y consumible, altamente adictiva y destructiva para los turistas y los vagabundos, produce una euforia intensa al llegar pero breve, produce un ciclo de consumo basura compulsivo, que produce daños severos a la ciudad. Al ritmo que crece el consumo de crack en la ciudad podremos ir viendo el proceso de putrefacción, degradación y muerte de la ciudad. Los narcopisos crecen y la delincuencia se va haciendo con el control de la ciudad, la corrupción y la dejadez hacen ya de Barcelona una ciudad donde no se puede vivir, turistas y delincuentes son y serán los futuros ciudadanos de barcelona. Es triste que una ciudad con todas las virtudes que da Barcelona y con el estilo de vida que había cautivado a medio mundo, esté acabando en estas condiciones, ni Benidorm planteaba un final peor que el de Barcelona.
Es una pena decir esto, pero a veces el daño producido a las cosas o personas es irreversible, y en el caso de Barcelona ya lo es, la expulsión de sus habitantes, la desintegración del tejido económico social de barrio y la desaparición de cualquier aspecto cultural y social de Barcelona en la ciudadanía ya extranjera, hace que la vida de la ciudad haya cambiado a peor y sin vuelta atrás. RIP Barcelona…




















¿Barcequé? Mejor la llamamos «Quechua City» (gracias a la Cruz Roja por repartir cientos de tiendas de campaña; el efecto llamada es brutal, muy bien).
Si dejas una moto mal aparcada, te multan en menos de dos horas. Sin embargo, alguien planta una tienda en cualquier lugar de la ciudad y parece no haber legislación prevista para estas situaciones. ¡Así que viva la fiesta!
A esto se le añaden los carteristas, los menas, las peleas entre argelinos y paquistaníes en El Raval, los supermercados de 24 horas que sirven de tapadera, el asentamiento nigeriano del Parc de la Ciutadella, y un largo etcétera.
Uno se pregunta: ¿los miembros del ayuntamiento viven en esta ciudad? ¿Acaso no ven la degeneración total y progresiva año tras año? Para el ciudadano es imposible comprender por qué no se están aplicando medidas extremas para paliar esta situación. Alcalde, tome nota de su vecino de Badalona y póngase las pilas de una vez.
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